Patio central del Museo Histórico Nacional (1923)
Este espacio rectangular, coronado por una luminosa claraboya, era el primero al que accedía el visitante al ingresar por la puerta principal del Museo Histórico Nacional en 1923. Desde 1915 el museo se había instalado en la vivienda situada en Colonia 1645, la cual dejó en 1942, año en el que el inmueble pasó a ser la sede fundacional del Colegio José Pedro Varela.
El Patio Central cumplía en aquel año 1923 varias funciones, operando como espacio de recepción y también de distribución, comunicando con las diversas salas que entonces tenía el museo y que eran la “Sala La Independencia”, “Sala Los Constituyentes”, “Sala La Defensa”, “Sala 1852-1872” (organizada en varias secciones), “Sala Donación Domingo Lamas” y “Gabinete de Numismática”.
Además, el patio cumplía una función expositiva. Como se aprecia en la fotografía que conserva el Archivo Nacional de la Imagen y la Palabra del SODRE. En las paredes había colgadas distintas pinturas que hacían referencia al puerto de Montevideo (destacándose a la derecha un gran óleo del pintor uruguayo Manuel Larravide), cuadros sobre el Escudo Nacional de Uruguay, láminas dedicadas a los gauchos, al monumento a Artigas en la Plaza Independencia, entre otras ilustraciones. También había vitrinas, armas y cañones y esculturas. Entre estas últimas, destaca el gran busto de Giuseppe Garibaldi (1807-1882), militar italiano que luchó en la Guerra Grande (1839-1851), apoyando al gobierno de la Defensa de Montevideo entonces asediado por las tropas de Manuel Oribe y Juan Manuel de Rosas, y que el Partido Colorado siempre ha considerado como un héroe propio.
La otra escultura que llama la atención es la ubicada al final del patio, y que corresponde al yeso original realizado por Juan Luis Blanes (1856-1895) que representa a Andrés Cheveste, el baqueano de los 33 orientales. El personaje es el mismo que se encuentra en el gran óleo “Juramento de los Treinta y Tres Orientales” de Juan Manuel Blanes (padre del escultor) con la misma vestimenta y posición.
Tal como estaba ubicada, es probable que esa escultura fuera la primera pieza del museo que las personas veían al ingresar. Las miradas seguramente iban dirigidas hacia este protagonista de la Cruzada Libertadora de 1825, dado el efecto de fuga del patio, al que contribuía el diseño del pavimento. El baqueano parecía así recibir y dar la bienvenida al curioso, invitándolo a recorrer las distintas salas del museo. Un dato interesante es que este yeso ya no existe, dado que fue destruido cuando se hizo el vaciado en bronce de la escultura (versión que puede verse hoy en la Casa Lavalleja del Museo Histórico Nacional).
El Patio Central (hoy Patio de las Banderas) se destacaba también en aquella época por su gran ornamentación. En las paredes se aprecian las pinturas que simulaban elementos arquitectónicos y decorativos, mientras en el cielorraso, la garganta y el friso de la parte elevada, donde se apoya la claraboya, hay diversos diseños en yeso con motivos vegetales. Un elemento decorativo adicional son las ocho columnas originales en hierro fundido francés que cumplen también una función estructural de sostén.
En la base de la claraboya se aprecian guardas ornamentales con dentículos, ovas y modillones, mientras que el cielorraso de la galería rectangular del patio contaba con molduras en yeso, con múltiples y pequeños rosetones, acompañados de diseños vegetales y ovas que se repiten en los paños o subdivisiones.
El principal elemento que llama la atención es la gran claraboya que dota al espacio de luz natural, que a su vez presenta en su friso varios elementos decorativos en yeso, como escusones (recuadro u óvalo decorado dentro del cual se representan escudos de armas u otros motivos o se graban inscripciones) en el centro de cada lado de la base de la claraboya, ornamentados con volutas y diversos elementos vegetales como capullos de rosas, acompañados de hojas de acanto. A su vez, este friso cuenta con dentículos (sucesión de pequeños bloques cúbicos o dientes) y ovas en serie. Anteriormente también presentaba una serie de modillones en las cornisas, pero fueron retirados.
Con respecto a los trabajos de arquitectura simulada con pinturas en las paredes, éstos servían para otorgarle al espacio mayor elegancia. Entre los elementos representados en torno a cada puerta, se aprecia un marco seguido de pilastras con puntas de diamante en su capitel, terminando en un modillón. El diseño se completaba con un frontón partido sobre el pretil de las puertas, que parecía contener una figura de un niño dentro de una almeja, y un dintel con motivos vegetales. Acompañando estas decoraciones, en los espacios entre las puertas también había pinturas de paños con diseños ornamentales.
Todos estos trabajos en yesería, herrería artística y pintura decorativa marcan la importancia que el dueño que mandó construir la vivienda, Pedro De León, le quiso dar a su residencia en 1888. En la época del Museo Histórico Nacional, seguramente todos estos detalles ornamentales deslumbraban al curioso que iba a ver las salas, las cuales lo invitaban a sumergirse en un recorrido por la historia del Uruguay.
Elaboración: Agustina y Victoria Sunara, Emma Rijo y Diego Pouso, estudiantes del Taller de patrimonio de 2EMS.
Docente: Carolina Porley
Elaboración: Martina Zeballos, Maximiliano Viapiana y Josefina Tobías. Docente: Carolina Porley